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28 de diciembre de 1900

La gran epidemia de Sarampión que diezmó a una generación completa y sentó las bases de la pediatría

Región Metropolitana.- A partir de mediados de noviembre de 1899 comenzaron a verificarse numerosos casos de sarampión (popularmente conocido como “peste alfombrilla”) en Santiago de Chile, especialmente en la zona sur y oeste de la capital, para luego extenderse a toda la ciudad. Aunque afectaba a personas de diversas edad, la mayoría eran niños pobres cuyas madres corrían presurosas y asustadas a los hospitales para buscar algo de consuelo.

Al cabo de cinco meses aparecieron casos en Valparaíso, Rancagua, Talca, Chillán y Concepción por el sur; y en menor medida en Coquimbo y La Serena por el norte. Se estima que el gran número de trabajadores agrícolas migrantes durante los meses del verano, junto con el uso masivo que ya tenía el ferrocarril en sus tramos Santiago-Valparaíso y Santiago-Temuco, ayudó a la rápida transmisión del sarampión en la zona central.

Durante 1900 los casos, con su secuela de gravedad y letalidad, siguieron en ascenso hasta convertirse en una de las más mortíferas epidemias de sarampión que hubieran vivido los chilenos hasta ese minuto. En septiembre de 1900 aparecieron casos de coqueluche (tos ferina) y en octubre se verificaron casos de difteria que agravaron la situación sanitaria.

El diario “El Mercurio de Santiago” en su edición del 26 de octubre de 1900 informaba que “en 23 días la “alfombrilla” ha hecho aumentar en mil el número de niños fallecidos en el mismo período“. De acuerdo a los datos expuestos por el médico Leopoldo Belloni Pifaretti (1876-1916) en su “Contribución al estudio de la epidemia de alfombrilla de 1900 en Santiago”, habrían fallecido cerca de cuatro mil niños en Santiago y “no menos de diez mil en todo Chile“.

Estas cifras revelan la gravedad de la epidemia, por cuanto se calcula que un total de 60 mil personas se enfermaron en Chile, de los cuales 40 mil eran de la capital. En otras palabras, la letalidad del sarampión alcanzó un 10% en Santiago y un 16,6% en Chile; mientras que el 2,15% de la población de la época (2.800.000 de habitantes) se contagió.

Impacto en la sanidad
El país no estaba preparado para enfrentar esta situación y por ello fue necesario improvisar casi todo. Lo primero y más importante era que no existía un hospital pediátrico que tratara a la mayoría de los infectados, la mayoría de los cuales cursaron la enfermedad en sus casas, donde vivían hacinados.

En septiembre de 1900, Manuel Arriarán Barros había llamado la atención de la Junta de Beneficiencia sobre la gravedad de la epidemia que atribuyó “a las pésimas condiciones económicas e higiénicas de las clases trabajadoras“, y propuso abrir salas para niños en los establecimientos de Santiago, solicitar dinero al gobierno para alimento y vestuario de niños de barrios más pobres e imprimir y repartir cartillas sanitarias sobre el modo de prevenir y curar el sarampión. La Junta de Beneficencia habilitó rápidamente dos salas para niños en el Hospital San José que se ocuparon en dos días.

Ante la insuficiencia de los espacios mencionados, en octubre de 1900 el mismo Manuel Arriarán Barros fundó con su dinero el primer hospital de niños del país, que funcionó provisoriamente en la “Casa de Ejercicios de San José”, ubicada en calle Moneda esquina de calle Almirante Barroso, cedida en préstamo por el arzobispo de Santiago, Monseñor Mariano Casanova y Casanova. Allí comenzaron a asistir inmediatamente a enfermos de sarampión. Casi simultáneamente la hospedería de San Rafael de calle Matucana, fue también habilitada como hospital provisional para niños enfermos de sarampión.

Con el correr de las semanas, la epidemia comenzó a remitir a fines de diciembre de 1900, dejando una estela de dolor en numerosas familias de trabajadoras y -tal como lo expresara el médico Federico Puga Borne– “fue la más tremenda experiencia que tuvimos en esa época, pues la epidemia nos ha llevado a una generación entera“.

El gran legado de esta epidemia fue que contribuyó a tomar conciencia de la necesidad de la creación de hospitales para niños en Santiago y a la enseñanza de las llamadas “enfermedades de niños“, base para el estudio de la pediatría en Chile.