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20 de marzo de 2019

Santorini, 1.614 AC: El cataclismo que tumbó a una civilización y creó mitos

1.614 AC.- Actualmente un viaje a Santorini (Grecia), perteneciente al archipiélago de las Cicladas, es un sueño para muchos, pero alrededor del año 1.600 A.C. ocurrió allí una erupción volcánica que se constituyó en uno de los eventos geológicos más significativos de la Edad de Bronce. Con un volumen de roca equivalente a 60 mil metros cúbicos,​ fue una de las mayores erupciones volcánicas, causó cambios climáticos en gran parte del planeta, fue un factor determinante en el inicio del derrumbe de la civilización minoica y muchos autores señalan que fue el origen del mito de la desaparición de Atlántida, así como la causa de las plagas de Egipto relatadas por la  Biblia cristiana.

El índice de explosividad volcánica de esta erupción fue de 6 ó 7, lo que significa que habría sido cuatro veces el que fue arrojado a la estratósfera por la erupción de Krakatoa en 1883, estableciéndose que solamente otras tres erupciones en tiempos históricos liberaron más material a la atmósfera que Santorini.

El comienzo
En la primavera de 1613 ó 1614 A.C. y dos semanas antes de la erupción, un sismo de gran magnitud afectó a Santorini. Los habitantes del puerto de Akrotiri lograron salir a tiempo a la calle y durante unos días debieron acampar al aire libre, mientras retiraban escombros e iniciaban la tarea de reconstrucción. Como tantas veces en otras erupciones, era una señala temprana de lo que vendría.

Santorini se encuentra en una zona de gran actividad sísmica, ya que entre 150 y 170 kilómetros por debajo de ella, la placa Africana se hunde por debajo de la placa Euroasiática. Como consecuencia de este proceso de subducción, en la corteza terrestre se va acumulando magma. En aquella ocasión la acumulación fue tal, que la presión abrió las puertas del infierno.

Ese día todo comenzó con un rugido sordo y una oscura nube gris, casi negra, que se elevaba desde la profunda caldera abierta unos 20.000 años antes por otra erupción volcánica en la parte occidental de la que hasta entonces había sido una isla redonda. Sobre Akrotiri empezó a caer una espesa lluvia de ceniza volcánica y piedra pómez. Probablemente quien pudo agarró atropelladamente unas pocas pertenencias antes de emprender la huida por mar.

Entonces se produjo un estruendo ensordece­dor. Una columna de cenizas y rocas volcánicas de más de 30 kilómetros de altura se elevó hacia el cielo. Flujos piroclásticos candentes barrieron la isla y la cámara magmática se vació en un abrir y cerrar de ojos. Como consecuencia, el techo del volcán se vino abajo y se formó una caldera de hasta 400 metros de profundidad.

Seis horas después, el cielo se cubre con 4,6 millones de toneladas de magma que cuando cae al suelo forma una capa de seis metros de espesor. La altura de la columna de cenizas alcanza los 60 kilómetros y los vientos dispersan en la estratósfera la mayor parte del material volcánico hacia el sur y sureste.

Esta erupción, calificada como «pliniana» por los vulcanólogos y cuya explosión pudo escucharse a 4 mil kilómetros de distancia, hizo que el mar empezara a bullir como consecuencia de que el magma que salió del volcán entró en contacto con la superficie del mar en la bahía, generando una violenta explosión freática o de vapor.

La enorme cantidad de material volcánico eyectado formó depósitos de hasta 60 metros de grosor, tal y como hoy puede apreciarse en los actuales acantilados de Santorini, que son las paredes de la antigua caldera. Todo quedó sepultado: personas, edificios y prácticamente todo ser vivo.

Y después, nada…
Al día siguiente de la explosión la supervivencia en la isla es totalmente imposible, ya que la concentración de ceniza en la atmósfera es superior a los límites y provoca asfixia. Los investigadores modernos han intentado hacerse una idea de lo que ocurrió a continuación en el Mediterráneo. A 400 kilómetros a la redonda reinó la oscuridad durante días enteros. Santorini se quebró en tres partes y emergieron las islas menores de Therasia y Aspronisi.

El geólogo Walter L. Friedrich, de la Universidad de Århus (Dinamarca) escribió que la flora y la fauna fueron aniquiladas; sobreviviendo al cataclismo un par de especies de caracol y algunos lagartos, serpientes e insectos que habitaban la cota más elevada de la isla, el monte Profitis Ilias, de 565 metros de altitud. Ríos y manantiales quedaron envenenados; el suelo, yermo durante generaciones. Akrotiri, una de las primeras ciudades de Eu­­ropa, casi 17 siglos anterior a Pompeya y con una civilización altamente desarrollada, desapareció bajo el manto de ceniza y piedra pómez.

El viento de poniente llevó la nube de cenizas hasta Anatolia, que quedó cubierta por una capa de diez centímetros de grosor. Estudios arqueológicos realizados en fondos marinos y lagos en la actual Turquía demuestran que la mayor cantidad de cenizas fue hacia el este y noreste de Santorini, ya que en la isla de Anafi se han encontrado capas de cenizas de tres metros de espesor.

Durante meses la ceniza volcánica y piedra pómez flotaron en el mar, empujadas por la corriente hacia el sudeste. La navegación y el comercio marítimo se paralizaron.

Consecuencias
El derrumbe del cono del volcán generó un tsunami que habría tenido olas de entre 35 y 90 metros de altura en alta mar, el cual devastó la costa norte de Creta, ubicada a 110 kilómetros al oeste. Muchos arqueólogos coinciden en que la caída de al menos 5 milímetros de ceniza volcánica y el tsunami afectaron los campos de esta isla y provocó una crisis en la civilización minoica que la habitaba, generando las condiciones para que la civilización micénica la conquistara fácilmente algunas décadas más tarde. Las gigantescas olas también afectaron las costas de Chipre, Egipto, Fenicia y Asia Menor.

Esta erupción tuvo sus consecuencias también en la lejana China, según se desprende de los «Anales de Bambú» que describe los efectos de una erupción volcánica como determinante de la caída de la dinastía Xia alrededor del 1.600 AC: “Una helada niebla amarilla, un sol tenue, tres soles y el marchitamiento de los cinco cereales”, lo que siguió con desórdenes y caos social. Asimismo, en Egipto originó un efecto de «eclipse» durante nueves días: “el sol se ha ocultado, a nadie se ve en las sombras, las cosechas han muerto”.

Según los últimos datos de los científicos griegos, esta erupción supuso el comienzo de un invierno en el Egeo, donde el sol se ocultó y la temperatura descendió gradualmente en las islas al menos dos grados centígrados.

Generando mitos
La erupción de Santorini con su colapso volcánico y tsunami, podría haber inspirado varios mitos de la antigüedad, entre ellos la Titanomaquia contenida en la obra «Teogonía» de Hesíodo. Los escritos de éste autor griego se han comparado con la actividad volcánica, citando a «los rayos de Zeus» como los relámpagos volcánicos; «la tierra y el mar hirviendo» como resultado del colapso de la cámara de magma; «inmensas llamas y calor» como pruebas de explosiones freáticas, entre muchas otras descripciones.

Es probable que el horror ante la de­saparición de la mayor parte de Santorini acabara cristalizando en la creación de un mito que se extendería desde Egipto hasta Grecia. De hecho, existe alguna evidencia arqueológica, sismológica y vulcanológica de que el mito de Atlántida, descrito 1.200 años después por Platón, estuvo basado en la erupción de Santorini como un modelo para la destrucción descrita por el autor en sus obras «Timeo» y «Critias«, en las que describe a la isla-nación de Atlantis. Desde entonces la leyenda de la Atlántida ha cautivado por igual a investigadores, literatos y buscadores de quimeras. Y la ausencia de datos constatables se ha visto suplida a menudo por su poder de fascinación.